Los Chiquitanos

Después de los guaraníes, éste es el grupo étnico nativo más numeroso del oriente boliviano. Pese a que la influencia cristiana sepultó muchos de sus antiguos usos y costumbres, quedan aún entre sus tradiciones, según señalan los estudiosos Álvaro Diez Astete y David Murillo, rasgos ancestrales originales muy interesantes. “Es una cultura ya evolucionada y muy compleja”.

Aunque la mayoría de los chiquitanos profesa la religión católica, subsiste en la comunidad una amplia y rica mitología. El chamanismo (práctica de ritos de invocación con fines de curación y purificación) está presente en los momentos cruciales de la vida, como nacimientos, matrimonio y sepultura. “Mantienen creencias ligadas al mundo sobrenatural, en cada uno de los momentos importantes de la vida cotidiana, como la cacería, la meteorología, la siembra, la cosecha, y, llamativamente, estás prácticas aparecen paralelas a las tecnologías modernas”.

El jefe es el hombre más viejo de la familia, le siguen sus hijos por orden de edad. Él o los yernos aceptan esa autoridad, pero a su vez reciben un trato cordial, aunque sólo definen cuestiones dentro de su familia, y las decisiones macro del clan.

Caracteriza también a los chiquitanos su especial e innata habilidad de procesamiento y trabajo fino de la madera. Algunas comunidades tienen como sustento esencial o único la artesanía en cerámica o la producción de tejidos de algodón. La venta de fuerza de trabajo es una de las actividades complementarias que realizan en épocas de carestía, pues se trasladan en grandes grupos a las zafras de caña.

El trabajo de agricultura —toda familia, por pobre que sea, tiene sus parcelas— lo cumplen todos los miembros, desde los más pequeños hasta los ancianos. Existe, como en la mayoría de los pueblos orientales, la división del trabajo por sexo y edad, siendo como en todas partes la agricultura y la caza responsabilidad del hombre, pero la mujer también interviene, al menos en los últimos tiempos, y muchas veces en igualdad de condiciones.

“Entre los chiquitanos—afirma el investigador losé Tejeiro— el Jichi es el amo y señor del monte, de la flora y la fauna. Cuando los cazadores se internan en el monte, le imploran a esta entidad espiritual que les proporcione las presas que precisan, sólo para subsistir, y además le piden autorización.

Tienen la creencia de que sus ancestros también observan la ceremonia de caza y están en el monte y conocen los sectores del área. A este antepasado le saludan, le honran y le piden su bendición”.

Datos

Habitantes: Censo INE (2001): 4.615. Conniob (Confederación Nacional de Nacionalidades Indígenas Originarias de Bolivia) (2004): 61.520.

Ecorregión: Amazónica.

Departamento: Santa Cruz

Provincia: Ñuflo de Chávez, Velasco, Chiquitos y Germán Busch.

Municipio: San lgnacio de Velasco, San Miguel y San Rafael.

Comunidad: San Ignacio, San Miguel, San Rafael, Santa Rosa de la Roca, San Javier, San Ramón, Concepción, Lomerío, Roboré, San José y Florida.

Idioma: Chiquitano.

Actividad Principal: Agricultura

Productos: Maíz, arroz, yuca, plátano y algodón.

Vías de acceso: Aérea: las comunidades Florida y El Porvenir cuentan con pistas de aterrizaje. Terrestre: el acceso por vía terrestre comienza en Santa Cruz de la Sierra a San Ramón, San Javier y Concepción, y de éstas a otras comunidades se ingresa por caminos secundarios.


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